Tarjetas, el dinero de plástico

Las tarjetas nos permiten a todos realizar compras de manera sencilla y rápida prácticamente desde mitad del siglo XX de manera generalizada, aunque su origen se remonta a principios de ese siglo. También conocidas en el sector como “plásticos”, las tarjetas son uno de los instrumentos de pago más importantes en todo el mundo; solo en Europa están en circulación 300 millones de tarjetas, con un volumen de transacciones superior a los 18.000 millones de euros. En el caso de España, a finales de 2011 existían 69 millones de tarjetas, lo que supone una reducción del 10% desde 2008, debido principalmente al encarecimiento de su producción (se pasó de la banda magnética al chip), el mayor control del riesgo por parte de las entidades y el deseo de los consumidores de controlar su gasto.

Para hablar de tarjetas estuvieron en Gestiona Radio esta semana dos de nuestras expertas, María Ruiz, Directora de esta línea de negocio en Cetelem, e Irene Roldán, especialista en Marketing de Tarjetas. Nosotros hemos querido aprovechar para hacer un resumen en el blog de lo más interesante de la tertulia.

¿Por qué tienen éxito las tarjetas como medio de pago?

El auge de este medio en los últimos años se debe a la comodidad que supone no tener que disponer siempre de efectivo cuando se necesita, además de las coberturas de seguros, líneas de crédito y demás ventajas asociadas en función del tipo de plástico del que estemos hablando. Conviene diferenciar muy bien entre unos tipos de tarjetas y otros, siendo aconsejable saber qué uso podemos y debemos dar a cada una de las que llevamos en la cartera.

¿Qué significa débito? ¿y crédito?

Cuando hablamos de una tarjeta de débito nos estamos refiriendo a la tarjeta que usa el dinero que el titular tiene disponible en su cuenta bancaria, y no el que le presta el banco. Si bien en algunas casos el cliente puede negociar con su entidad que se le permita usar dinero incluso cuando no lo tenga en su cuenta, generando por tanto un préstamo.

En el caso de la tarjeta de crédito depende de lo que el cliente haya pactado con su entidad bancaria, así podrá pagar las compras a final de mes, en el momento, o aplazarlas, disponiendo de una línea de crédito con un límite que varía en según la solvencia económica del usuario.

Entre las marcas de medios de pago más importantes, VISA es la que más notoriedad tiene, seguida (de lejos) por MasterCard.

En nuestro país, las tarjetas de crédito que más proliferan y las que más aceptación tienen entre los usuarios son las emitidas por las grandes superficies. Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés, Eroski, Fnac, Ikea… Casi todas las grandes distribuidoras ya ofrecen sus propios plásticos, con ventajas asociadas a la compra en su establecimiento. Es importante entender que, ya sea emitida por una entidad bancaria o una entidad comercial, se trata de tarjetas de crédito, por tanto con el pago diferido.

Existe otro tipo de tarjetas que, a pesar del esfuerzo de las entidades bancarias, no han terminado de cuajar en nuestro país. Son las tarjetas de prepago. Una modalidad de plástico que funciona muy bien en otros países y que requiere la “carga” de la tarjeta con dinero que el usuario tenga en su cuenta, de forma que a la hora de hacer un pago  el cliente no tiene todo su disponible sino sólo lo que él haya decidido cargar. Tiene la gran ventaja de mejorar la planificación del gasto, no permitiendo que “se nos vaya de las manos” en un momento dado. Además, al cliente da mucha seguridad saber que en caso de extravío o uso irregular de su tarjeta, no se estará operando con todo su dinero en el banco.

¿Qué es lo que más valora el consumidor en una tarjeta?

Que sea gratuita, que no tenga gastos de mantenimiento. Hablamos de todo tipo de tarjetas. Pero si se pregunta a los consumidores solo por sus tarjetas de crédito, lo más importante para ellos es tener siempre una línea de financiación disponible. En función del usuario de la tarjeta hay otras ventajas que también son importantes, como puedan ser los seguros de viaje asociados o los programas de puntos canjeables por descuentos en productos y servicios.

¿En qué consiste el revolving?

El revolving es un tipo de crédito sin un número fijo de cuotas, normalmente asociado a una tarjeta de crédito. Permite el cobro aplazado mediante una cuota fija acordada por el cliente y la entidad bancaria. Es un producto con una connotación bastante negativa entre los consumidores porque se asocia a endeudamiento. Si bien hay otra manera de entender estas tarjetas: como una herramienta de financiación que nos sirva de seguro ante imprevistos o como un mecanismo de control de nuestra economía, ya que nos permite organizar los pagos de una compra grande que, en otros casos, hubiéramos tenido que afrontar de una sola vez.

La clave del uso del revolving está en encontrar el equilibrio entre lo que podemos hacer frente y lo que gastamos. En este sentido las financieras debemos informar en todo momento a nuestros clientes para proteger sus intereses.

En Cetelem hablamos de gestión inteligente de los gastos, el revolving puede resultar un recurso muy útil si encontramos el equilibrio y no pasamos el nivel de endeudamiento que podemos soportar.

Según la política de Crédito Responsable de Cetelem, tanto nosotros como los clientes debemos asegurar el uso sensato de las tarjetas. Así, hemos puesto en marcha el programa “Card Training”, en el que enseñamos a los clientes nuevos de Cetelem durante 6 meses a hacer un uso responsable de sus plásticos.

¿Qué es la tecnología NFC?

Se trata de una tecnología de corto alcance que permite el intercambio de datos entre dos dispositivos. No es una tecnología nueva, si bien hasta ahora no se había aplicado a los pagos. El NFC nos permite abonar un producto en un establecimiento simplemente acercando el medio de pago al terminal. En España está pensado para afrontar cantidades inferiores a 20€, porque el sistema no implica identificación.

A pesar de que el NFC está asociado a su uso en los teléfonos móviles, se trata de una tecnología que puede contener también el propio chip de una tarjeta de débito/crédito, por ejemplo. Es una realidad ya en la banca española.

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